martes, 18 de junio de 2013

La bolsa de pipas


Por fin una cita.
Ella nerviosa, él sudando.
Se sientan en sus asientos y se miran.
Ella le ofreció unas pipas de su pequeña  bolsa.
Él, encantado, a pesar de su gran alergia a la sal, decide coger unas cuantas aprovechando para rozar sus manos.
Ella sonríe y él se sonroja.
Él se lleva una pipa a la boca fruto de los nervios.
Empieza la peli.
Ella le coge la mano y disfruta tan solo de su tacto.
Él descansa feliz, tras tantos nervios.
Ella le mira.
Él no respira.

Maldita bolsa de pipas. 

lunes, 4 de marzo de 2013

LOS CUARENTA



Apretaba bien los ojos y los puños para hacer más presión al destino y que esta vez el deseo se cumpliera. Apretaba tan fuerte que empezaba a ver estrellitas de colores debajo de mis parpados. Sabía que no podía volver a pedir abrazar a mi hermano, ni escuchar cantar de nuevo a mi abuelo. Sabía que no podía desear volver a escuchar las poesías de mi abuela o saborear los guisos de Meme.....

Y pedí ser féliz.

Cuán grande fue mi sorpresa al abrir los ojos, soplar las velas que formaban ese cuarenta y descubrir que allí mismo, rodeada de aquella gente y escuchando aquel desafinado “cumpleaños feliz”, ya era tan feliz, que ni me había dado cuenta de que lo que deseaba, lo tenía tan cerca...

lunes, 29 de octubre de 2012

Había una vez demasiado poco

Había una vez demasiado amor y poca gente buena.
Había una vez demasiadas lágrimas y pocas risas.
Había una vez demasiadas guerras y pocas alegrías.
Había una vez demasiados actores y pocas pelis buenas.
Había una vez demasiados contables y pocos creativos.
Había una vez demasiadas pesadillas y pocos sueños.
Había una vez demasiada cabeza y poco corazón.
Había una vez demasiado dinero y poca solidaridad.
Había una vez demasiados agujeros negros y pocos bosques.
Había una vez demasiada tecnología y pocas cosas manuales (de las que tienen el valor de ser únicas)
Había una vez demasiada vida y poco tiempo libre.
Había una vez demasiada música y pocos oídos.
Había una vez demasiado facebook y pocos cafés con amigos.

Había una vez un mundo demasiado poco centrado en sus prioridades.

jueves, 27 de septiembre de 2012

La taza de té

La taza de té humeaba en mi escritorio. Ni el aroma a canela animaba mi estado de ánimo... Miraba aquella taza, tan sola, tan caliente, tan humeante... Ni el mejor sexo que acaba de tener hacía escasamente una hora había conseguido mejorar mi estado anímico... Esta sensación de soledad y miedo me había invadido y calado bien los huesos. De pronto mis pensamientos se congelaron en seco, el ruido de la sirenas desde la calle me entumeció por completo... Una sensación de pánico, remordimiento y a la vez de calma. Ay Arturo... te echo de menos... No tenía que haberte matado.

miércoles, 27 de junio de 2012

Mientras yo sienta...


A veces te extraño, noto tu ausencia, siento tu vacío y mi desolación es inmensa. A veces siento que ya no vuelves, siento que ya no existes, a veces siento que te has ido. Pero otras veces, siento tu fuerza, siento tu presencia en mi casa, siento tu alegría en mi corazón, siento tu consuelo en mis entrañas y siento que me cuidas desde allá arriba. Me quedo con las veces en que te siento, cerca o lejos, aquí o allí… mientras yo siga sintiendo tú seguirás vivo aquí.

miércoles, 20 de junio de 2012

La abuela


Cuando su nieta abrió su corazón y la rodeó con el abrazo más sincero de que fue capaz, la abuela cerró los ojos llevándose consigo el recuerdo de algunos finales, que si son felices. 

viernes, 18 de mayo de 2012

SOPA CALIENTE


Cenaban en la exquisita mesa del salón de invitados. La lámpara de araña del siglo XIII brillaba envolviendo la escena de una luz nunca vista antes en la oscura e inquieta mansión de los Foster. El mayordomo observó atento como Lord Henry levantaba su mano izquierda indicándole que se acercara a servirle más consomé. La  invitada de honor y su marido, los Duques de Wellington, agradecían aquel caldo caliente que les reconfortaba los gélidos huesos como consecuencia del temporal y las lluvias. A pesar de todos los chismorreos que se escuchaban sobre los Foster, ellos se sentían bastante a gusto aquella noche cenando en su salón. Margarita Wellington se sentía satisfecha de haber aceptado la invitación de los duques.
Cuando el mayordomo se disponía a servir el último cucharón de consomé a Lord Henry la maravillosa lámpara de araña se descolgó del alto techo cayéndose encima del mayordomo, que se desplomó en el suelo desencadenando una gran mancha roja en la exquisita moqueta.
Los duques de Wellington aterrados miraban la escena con los ojos fuera de las órbitas, mientras Lord Henry y su esposa, sin inmutarse, seguían saboreando impasibles la deliciosa sopa caliente.